¿De qué depende la energía que “gastamos” cada día?
El gasto energético total (GET) es la suma de la energía que se utiliza en todos procesos metabólicos en un periodo de tiempo determinado. Es distinto en cada persona y en cada momento de la vida. Resulta muy importante entender los factores capaces aumentar o disminuir el gasto energético y cómo se modifica tras la pérdida de peso. El gasto energético depende de tres componentes principales: gasto energético en reposo (GER), efecto térmico de los alimentos (ETA) y gasto energético asociado a la actividad física (GEAF). Además, se ha descrito otro componte adicional, denominado termogénesis adaptativa, que, si bien no constituye un componente aislado, ejerce un papel relevante en situaciones concretas, como la exposición a temperaturas extremas o los cambios en el peso corporal. A continuación, se describen con más detalle estos conceptos.
1. Gasto energético en reposo
El gasto energético en reposo representa aproximadamente entre el 60–70% del gasto energético total en adultos sedentarios o con actividad física limitada. Refleja la energía necesaria para mantener las funciones del organismo (respiración, latido cardiaco, funcionamiento celular, etc) en condiciones de reposo, en vigilia, con una temperatura ambiental neutra y en ayunas. La actividad metabólica de los órganos contribuye de forma diferente a este gasto energético. El hígado, el cerebro, el corazón y los riñones los que más energía consumen por “unidad de masa”. El músculo en reposo consume una cantidad menor de energía, si bien, dependiendo de la composición corporal y de la masa muscular que tenga cada persona puede representar una proporción considerable. Es decir, a más masa muscular, mayor gasto energético, incluso en reposo. A continuación, se describen los factores que más influyen en el gasto energético en reposo.
- La composición corporal es quizás lo que más explica las diferencias en el gasto energético en reposo en distintos individuos. De manera sencilla, podemos dividir el cuerpo en tejido o masa grasa y masa libre de grasa, que engloba músculo, vísceras y otros tejidos no adiposos. Esta “masa libre de grasa”, teniendo en cuenta su mayor requerimiento metabólico, se correlaciona directamente con el gasto energético. La masa muscular, diferente en cada individuo, es el factor más relevante. Aunque la actividad metabólica del tejido adiposo es baja, contribuye de forma indirecta al gasto energético en reposo, a través de señales hormonales y otras moléculas, como las citoquinas, que pueden modular el metabolismo sistémico.
- Edad: El gasto energético disminuye progresivamente con la edad, principalmente por reducción de la masa muscular y los cambios en la eficiencia metabólica.
- Sexo: Los hombres presentan, en promedio, un gasto energético superior al de las mujeres, que se explica en gran medida por las diferencias en la composición corporal.
- Genética y epigenética: Se han descrito diferencias en los genes (polimorfismos genéticos) y mecanismos epigenéticos, que afectan el funcionamiento de los genes, que se relacionan con el gasto energético. Estos factores influyen en la regulación hormonal, en la eficiencia de la función de las mitocondrias, el tono simpático y condicionan una variabilidad individual.
- Estado hormonal: Alteraciones en las hormonas tiroideas, catecolaminas, cortisol, hormona de crecimiento, insulina y leptina impactan de manera importante sobre el GER. El hipertiroidismo, por ejemplo, puede incrementar el gasto energético en reposo hasta en un 50%, mientras que el hipotiroidismo lo reduce de manera significativa. Las hormonas sexuales femeninas también influyen en el gasto energético. Los cambios hormonales son una de las razones que influyen en la ganancia de peso tras la menopausia
- Condiciones clínicas: La fiebre, infecciones, traumatismos, cirugía y enfermedades inflamatorias aumentan el gasto energético en reposo, circunstancia que se debe tener en cuenta cuando se precisa en un tratamiento nutricional
2. Efecto térmico de los alimentos (ETA)
El gasto energético aumenta después de las comidas, inducido por por la digestión, absorción, transporte, metabolismo y almacenamiento de los nutrientes. Su magnitud depende de la composición de la dieta. Las proteínas ejercen un mayor “efecto térmico”, es decir, precisan de una mayor cantidad de energía para su metabolismo
3. Gasto energético asociado a la actividad física (GEAF)
A nadie puede sorprender que el gasto energético asociado a la actividad física constituya la fracción más variable del gasto energético total. En general, oscila entre el 15 y el 30% del gasto total en la población general, pero con un rango que puede ir de menos del 10% en personas sedentarias a más del 50% en atletas.
Este componente incluye a su vez el gasto energético derivado tanto de la actividad física voluntaria, que depende de la cantidad e intensidad del ejercicio, y la llamada termogénesis por actividad no asociada al ejercicio (NEAT, non-exercise activity thermogenesis), que tiene un importante componente genético.
4. Termogénesis adaptativa
El término “termogénesis adaptativa” se refiere a los cambios en el gasto energético que actúan como un mecanismo regulador de la eficiencia energética, en respuesta a cambios en el peso corporal, o la temperatura, entre otros. Durante la pérdida de peso, se observa una reducción desproporcionada del gasto energético, mayor de la esperada. Este ajuste está condicionado por cambios en las hormonas que regulan el balance energético y el peso corporal y puede facilitar la recuperación del peso perdido. En situación de sobrealimentación ocurre lo contrario, pero en una magnitud mucho menor. La exposición al frío induce un aumento del gasto energético, con la finalidad de producir calor. Esta termogénesis se produce en un tejido adiposo especial, el tejido marrón o grasa “parda”, que hablaremos con más detalle en otro momento. Algunos medicamentos pueden aumentar el gasto energético por esta vía.
¿Qué importancia tiene el gasto energético cuando tratamos la obesidad?
Las personas con obesidad, en general, no tienen un gasto energético en reposo menor de lo esperado. Salvo excepciones, no es la principal causa de la ganancia de peso.
Sin embargo, cuando se pierde peso, el gasto energético en reposo puede descender hasta en un 20%, de una manera desproporcionada y esto puede favorecer la recuperación del peso perdido. La actividad física es fundamental para contrarrestar este mecanismo fisiológico. Si tenemos más músculo y más fuerte, nuestro cuerpo utilizará más energía, incluso durante el reposo.
Referencias:
- Fernández-Verdejo R, Sanchez-Delgado G, Ravussin E. Energy Expenditure in Humans: Principles, Methods, and Changes Throughout the Life Course. Annu Rev Nutr. 2024 Aug.
- Müller MJ, Enderle J, Bosy-Westphal A. Changes in Energy Expenditure with Weight Gain and Weight Loss in Humans. Curr Obes Rep. 2016 Dec.